miércoles, 12 de noviembre de 2008

Las Cuevas del Rey Marcos en Guatemala











Ceclinda
Imponente esta allí en el corazon de la montaña, entre guarumos, orquideas y pinos

Maravilla natural en Alta Verapaz Cobán

Quietud y buenas emociones en las Cuevas del Rey Marcos

Por Sergio Del Águila


San Juan Chamelco. Dormidas por más de 2 mil años y redescubiertas en 1998, las Cuevas del Rey Marcos se abrieron al mundo para convertirse en una de las últimas maravillas de Guatemala. En ellas se perciben buenas emociones y la quietud que emana desde lo profundo de la montaña.

Las grutas del Rey Marcos, situadas en San Juan Chamelco, Alta Verapaz, a 219 kilómetros al noroeste de Guatemala, es uno de los principales destinos turísticos de la zona que deleita a quienes participan no sólo del espectáculo que brinda un recorrido montaña adentro, sino de extrañas sensaciones que llenan de gozo al visitante.

Cada quien las interpreta según sus vivencias, “es una experiencia interior, unos hablan de misticismo, otros de percepciones naturales, unos más lanzan sus deseos buscando ser cumplidos, pero algo pasa ahí adentro”, dice Iván Fernández, administrador del Turicentro Cecilinda, donde se sitúan las cuevas.

La existencia de las Cuevas del Rey Marcos, de la que ya habían hablado los habitantes de quienes se tiene memoria desde antes de la llegada de los españoles, era sólo una fábula, aunque siempre se consideró un sitio sagrado “del que partió un dios universal hacia las estrellas”.

Se trata de una gruta de mil 800 metros de profundidad, por ahora sólo habilitados 250 al público, en ella se aprecian caprichosas formaciones --estalagtitas y estalagmitas-- que el agua ha esculpido con los minerales contenidos en la región caliza de Alta Verapaz. Desde que fueron abiertas al público en 1999, han atraido a 170 mil personas de todo el mundo.

Su descubrimiento realizado por el señor Óscar Fernández y su hijo Iván en 1992, ha sido motivo de evaluaciones por espeleólogos y otros científicos de diferentes nacionalidades que clasificaron a la gruta como de origen kárstico.

Todo reempezó en 1988 al abrirse un pequeño orificio de 10 centímetros en una montaña de la que nace el Sotzil, afluente del Cahabón. Del agujero salía un fuerte viento y también un chorro de agua. Años más tarde, el huracán Mitch, a su paso por Guatemala, acabó por descubrir lo que es un sendero que se recorre en una hora.

No obstante que solamente existía la fábula, que motivó a los naturales para construir la Ermita del Rey Marcos en terrenos aledaños, conocidos como “los dominios del Regi Marcos”, el hallazgo del agujero permitió comprobar que la leyenda tenía un asidero en el corazón de la montaña.

Bañada entre la vegetación de Alta Verapaz y adornada por las cristalinas aguas que de la mítica montaña emanan, las Cuevas del Rey Marcos permiten a los visitantes adentrarse con guías, casco y botas que se alquilan en el lugar, en una variedad de formas kalcareas que cada dos años crecen un milímetro.

Las estalagtitas y estalagmitas, que son de color aámbar, parecen animales, edificios, monumentos o ciudades en miniatura que se disfrutan por estrechos pasos desde la entrada a la cueva (de un metro de altura y 60 centímetros de ancho) que conducen hasta un espacio declarado altar y en el cual los guías invitan a meditar y recibir la energía que de allí irradia.

1 comentario:

Unknown dijo...

Sergio, tu crónica es bastantes oportuna, porque un arqueólogo mexicano acaba de hacer un interesante descubrimiento. Te pego la crónica de ese hallazgo para que veas las coincidencias que hay entre ambas grutas.

"Hallan en Yucatán camino maya al `más allá´"
Publicado en November 11th, 2008



La leyenda dice que para llegar al más allá, los mayas debían sortear numerosos obstáculos, incluidos ríos de sangre y cámaras repletas de cuchillos, murciélagos y jaguares.

Ahora, un arqueólogo que estudió testimonios de la época de la Inquisición cree que una serie de cuevas que exploró pueden ser el sitio donde los mayas trataron de reproducir ese tortuoso recorrido.

Se trata de una red subterránea de cámaras, caminos y templos construidos en la península de Yucatán y que reproducen el viaje al infierno, o xibalbá, descripto en antiguos textos mitológicos como el Popol Vuh, o Libro del Consejo de los indios quiché.

“El camino al inframundo, el camino a xibalbá, estaba lleno de obstáculos. Era un lugar de miedo, el lugar del frío, de peligro, de abismos“, declaró el arqueólogo de la Universidad del Yucatán Guillermo de Anda.

De Anda investigó sitios sagrados mencionados por indios herejes juzgados por los tribunales de la Inquisición y descubrió que probablemente hubo varias etapas en el recorrido hacia el infierno, que fueron recreadas en media docena de cavernas al sur de Mérida, capital del estado de Yucatán.

Es bien sabido que los mayas consideraban las cuevas como algo sagrado y construían estructuras sobre algunas de ellas.

Pero el equipo dirigido por de Anda hizo un descubrimiento “muy importante“ al usar archivos históricos para localizar y conectar una serie de cavernas sagradas, a las que asoció con el concepto de un camino maya hacia el más allá, según el arqueólogo Bruce Dahlin, de la Shepherd University, quien ha estudiado otros sitios mayas en el Yucatán.

La AP acompañó a de Anda y sus colaboradores en un recorrido de las cuevas, a las que se entre por estrechos ingresos. Una vez adentro, hay que deslizarse por angostos túneles y resbaladizas raíces de árboles.

Allí, en la oscuridad, se produce una escena parecida a las de una película de la serie de “Indiana Jones“: surgen plataformas de antiguos templos, escaleras y senderos sinuosos a lo largo de lagos subterráneos llenos de cráneos viejos y de cerámicas mayas.

El grupo exploró cámaras sagradas a las que se puede ingresar únicamente arrastrándose por un terreno lleno de arañas, escorpiones y sapos.

Para encontrar xibalbá, de Anda se pasó cinco años examinando los archivos de los juicios de la Inquisición, en los que los españoles juzgaron a indios herejes.

A los españoles les molestó el que los mayas siguiesen practicando su vieja religión incluso después de la conquista y los enjuiciaron para que revelasen los lugares donde realizaban sus ceremonias.

Uno tras otro, los acusados mencionaron los mismos sitios, pero los nombres de esos lugares cambiaron con el paso de los siglos o fueron olvidados.

Usando como referencia los datos de los archivos, los arqueólogos preguntaron a los lugareños por cuevas con nombres parecidos o que se encontrasen en las mismas zonas mencionadas en los documentos.

Los mayas usaron las cuevas, conocidas como cenotes, como sitios de adoración a los que se llevaban a los humanos sacrificados. Muchos cenotes tienen todavía depósitos de agua que abastecen a localidades vecinas. Los más conocidos son las albercas circulares en las ruinas de Chichen Itza.

Los cenotes que halló de Anda eran más secos y estaban más escondidos y más alejados de las aldeas. Parecen haber tenido un valor religioso especial porque siguieron atrayendo gente que recorría largas distancias para orar allí incluso después de que los mayas fueron convertidos por la fuerza al cristianismo.

Entre los descubrimientos de de Anda figura un sendero subterráneo de 100 metros (328 pies), un templo sumergido, las cámaras y confusas leyendas en un cruce de caminos.

“Hay varias cosas que nos hacen pensar que el sendero es una representación del viaje a xibalbá“, expresó de Anda. “Creemos que no es coincidencia el que el sendero avance hacia el oeste“, pues en esa dirección se encuentra el más allá, según las descripciones.

En el centro de uno de los lagos subterráneos, el equipo de de Anda halló restos de un altar sumergido con esculturas que indican que estaba dedicado a los dioses de la muerte.

En algunas cámaras, es casi imposible moverse sin lastimarse con estalactitas y formaciones pétreas de las paredes y techos. De Anda cree que son representaciones de los temidos “cuartos de los puñales“ descriptos en el Popol Vuh.

Los murciélagos abundan en los textos de la antigedad y los visitantes deben agazaparse para evitar ser llevados por delante por multitudes de esos animales. Hay una cámara calurosa de la que los visitantes salen bañados en sudor. En algunas cavernas hay corrientes de aire fresco, casi helado, como el de la leyenda de las “cámaras de un frío que hace temblar“.

Si bien de Anda todavía no ha encontrado ninguna “cámara de jaguares“, si halló huesos de jaguar en al menos una de las cuevas.

Los caminos subterráneos interrumpidos por profundos charcos de agua pueden representar los ríos de sangre y pus.

¨Por qué se tomaron el trabajo de reproducir el infierno? “Tal vez sea una manifestación del poder“, opinó de Anda. O para que la gente se hiciese una idea de lo que debería enfrentar en su camino hacia el paraíso.

Clifford Brown, arqueólogo de la Florida Atlantic University que trabajó en la región, coincide en que los mayas consideraban los cenotes como una especie de puerta de ingreso al más allá.

“Todos oyeron hablar del cenote de los sacrificios en Chichen Itza, pero pocos saben que era parte de un cenote de adoración que existía en muchos lugares“, comentó Brown.

“Hay varios sitios con cuevas debajo de los principales templos, palacios y pirámides, que se cree representan un cruce, con pirámides que representan el cielo y cavernas que representan el mundo subterráneo“, agregó.

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