Por Sergio Del Águila. Junio 2020. De nada sirve tener un presidente de pura imagen, menos una construida
sobre la base del ensayo y error, en un juego dilatorio en busca de medida,
como si la conducción de gobierno fuera conferida a un hombre, además del
mérito electoral, por su temperamento o porque es un hombre que “le habla al
pueblo como le gusta”.
No abona en nada al país mantener con imagen falsa del gobernante
“sensible”, “capaz de llorar ante las
cámaras” porque lo único que genera es una de demagogo, incapaz de dirigir el ejecutivo del gobierno
y por tanto rodeado de técnicos quizás preparados en su materia, pero incapaces
de gestionar y administrar.
Demasiadas poses las de Giammattei, vive salpicado de falsa
satisfacción contando éxitos inexistentes, hablando de enemigos imaginarios, cuando
en realidad es obligación del Gobierno tomar todas las medidas para que se
traduzca en acciones a fin de enfrentar la crisis de salud por el coronavirus.
A los guatemaltecos, la mayoría desempleada y subempleada, les
cuesta aceptar las mentiras o verdades a medias de un jefe de gobierno –que
cada día se nos impone a través de cadenas de radio y tv–, en las que en vez
de informarnos del estado de la crisis
de Covid-19, o de las consecuencias del
último temporal, se desvíe del fondo dora
ndo la píldora.
Es lamentable que a veces lo presenten como un merolico de
buen ánimo y “chistosito”; otro día bravucón y amenazante, o, como aprendiz de
dictador y otras para jugar al estadista. Algunas veces se asoma y otras como
lo que lo dejan libre para que imponga su estilo, que lo tiene, y es el de estar en campaña
electoral.
Otros días se le ocurre ponerse a regañar a los ciudadanos, para
liberarse de sus culpas como que si nosotros fuéramos los responsables de sus
incapacidades, pero muy pocas veces se refiere a las denuncian que ya abundan
en su contra y del gobierno sean
públicas, o de corrillos.
De nada nos sirve tener un presidente cuya imagen es la de
un funcionario que se ha plegado a poderosos grupos económicos, cuyas consecuencias han redundado en un mal
manejo de las medidas contra la pandemia, que además, no ha cumplido con las
leyes y la Constitución y, bien merece
acciones penales en su contra.
La mala imagen que tiene el presidente, es el resultado de la
mala estrategia de “marketing político” que sus asesores de comunicación e
imagen le imponen. No se percatan que la percepción que tiene la gente de él es
que viene en franca caída, tal como lo hizo público la encuesta de ProDatos, en
mayo reciente.
El estudio, que midió distintos aspectos sobre el impacto del Covid-19
en Guatemala, refleja una disminución de 16 puntos porcentuales al comparar los
estudios de abril y mayo en ese aspecto.
Según esa consulta de un 83 por ciento que el mes pasado dijo
estar “muy de acuerdo con la forma como el presidente está manejado la
situación del coronavirus” –8 de cada 10–, bajó a 67% en la medición de mayo.
Usar la estrategia de marketing político con fines de
campaña electoral, presentada como exitosa cuando “el cliente” logra ganar un
puesto de elección nacional, es válida en ese sentido, pero lo ¿será para usarla en la venta de la imagen de un
presidente? ¿necesita vender una imagen que no es la suya?
La imagen pretendida de “buena onda” que le dan a Giammattei
es una que no le corresponde, porque él se ha declarado ser solidario con los intereses
de los guatemaltecos, pero ha aprobado medidas del sector empresarial que en esta crisis de salud solo los benefician
a ellos, dice una cosa pero hace otra.
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