Por Sergio Del Águila, para El Independiente
Junio.2020. El cruel asesinato del sacerdote maya Tata Domingo Choc Che‘, el fin de semana pasado en el municipio de San Luis Petén acusado de ser
“brujo” por una secta evangélica de la comunidad, ha causado un amplio repudio,
cuyas denuncias ponen al descubierto la intolerancia
y la discriminación contra los pueblos originarios guatemaltecos.
Choc Ché
fue quemado vivo
en un horrendo crimen que indigna a
los pueblos y enluta a la comunidad científica mundial, pues se trata de un reconocido científico maya Ajq’ij (guía espiritual/contador
del tiempo maya) y Ajilonel (herbalista) miembro del Concejo de Guías
Espirituales Releb’aal Saq’e’, de Poptún, Petén, a unos 550 km en el norte de
Guatemala.
Trabajaba junto a otros estudiosos
de la medicina Maya/conocimiento tradicional, en proyectos antropológicos de la
Universidad de Zurich, University College en Londres y de Universidad del Valle
de Guatemala. Al momento de su asesinato
compartía conocimientos sobre plantas medicinales logrados sobre la base de la
observación botánica y de la biodiversidad, la que lamentablemente la
ignorancia y el atraso la “confundió”
con “brujería”.
Tata Mingo Choc (como se refieren
a él con respeto quienes lo conocieron), fue un maestro y experto de medicina natural y plantas
medicinales, era reconocido –junto a otros científicos indígenas– como
un investigador y portador de conocimientos ancestrales, útiles y vigentes para
la salud de las comunidades, que en Guatemala reclaman plenitud de derechos.
Las reacciones
Según
diversas reacciones de periodistas, psicólogos, sacerdotes, historiadores, e indigenistas,
el crimen no es un acto aislado, sino
es el resultado de la práctica constante de descalificación y ataque al
conjunto de conocimientos y prácticas culturales ancestrales de nuestros
cuatros pueblos: maya, mestizo, garífuna y xinca.
El psicólogo Marco Garavito, se
preguntó ¿Quién prendió el fuego para asesinar a Domingo
Choc Che’ ? y responde: las autoridades
deben esclarecerlo también desde la historia y recuerda que el precedente fue
sembrado por el conquistador Pedro de Alvarado, cuando en Gumarcaah el día 4
Qat (7 de marzo de 1524) quemó vivos a los reyes quichés, Ahpop y Ahpop
Qamahay.
“Casi
500 años después la realidad de discriminación y racismo continua”, señala
Garavito quien es presidente de la Liga de
Higiene Mental, y quien hace eco de quienes afirman que el crimen contra Tata
Domingo Choc Che´ es parte de la desvalorización que por siglos se ha hecho de
prácticas cosmogónicas mayas que están vivas e inspiran la lucha de los pueblos
originarios.
Por su
parte el poeta y columnista, Jorge Mario Salazar Monzón, indignado, condena que
resulta increíble e inaceptable que por ideas religiosas se criminalice y
ejecute sumarísimamente a personas que cumplen un deber con la comunidad y con la
madre tierra. “Quien prendió el
fuego tiene nombre. No es el simple fanatismo, son personas las responsables”, dijo
Salazar al pedir persecución penal contra los ejecutores de este crimen
investigado por el Ministerio Público.
“No olvidemos que la
inquisición intelectual y el etnocidio espiritual, se incrustó en Guatemala con
la llegada de las sotanas españolas, su biblia y su cruz, todo eso reforzado
con la soldadesca y ese ignorante racismo y discriminación cultural que sigue
presente hasta nuestros días”, señaló el sociólogo Jacobo Vargas Foronda.
Ignorancia llena de dogmas
“Para reforzar esa
asesina ignorancia llena de dogmas”, agrega Vargas Foronda, los estadounidenses
montaron la masiva evangelización desde las filas del Ejército de Guatemala,
“todo organizado por la CIA, llegando a fundar el centro de operaciones
religiosa para América Latina a partir de la otrora Iglesia de El Verbo”,
operada en Guatemala por el ya fallecido dictador Efraín Ríos Montt.
“Este acto
violento y profundamente cruel es la imagen de una sociedad enferma atrapada en
pantanos del colonialismo, racismo, prejuicios, ignorancia y prácticas propias
de La Inquisición, precisa la escritora, Marcela Gereda.
¿Cuánto conocimiento perdimos y
perdieron los pobladores de Chimay al calcinar en llamas de maldad, odio e
incomprensión a este maestro del arte de conocer las plantas medicinales? Se preguntó Gereda a lo que añadió otra
interrogante: ¿Cuánto podríamos crecer como sociedad si supiéramos pensar no
sobre la diversidad cultural, sino desde la diversidad cultural?
En Guatemala por siglos de racismo
y desprecio, los sucesivos poderes políticos y la sociedad no hemos sido
capaces de reconocer el inmenso valor existente en el conocimiento tradicional
de los Pueblos Indígenas, denuncia la también analista.
Para el director del vespertino
La Hora, Oscar Clemente Marroquín, lamentó que el
condenable crimen sea visto como parte del paisaje natural de este país por
mucha gente urbana, para quienes se trató de un linchamiento más, en esta
patria tan desvalorizada no es una cosa del otro mundo y menos si la víctima es
un indígena.
Al comparar la ola de protestas
en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd,
Marroquín advierte que es triste reconocer que el crimen de un
científico maya, “ni siquiera nos inmuta,
se ve como un linchamiento más, un acto de barbarie” que ha afectado por
años principalmente a las regiones más pobres de este país.

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